martes, 14 de septiembre de 2010

Un Viejo Amor


Cada  vez que Juan  Manuel  discutía  con Marcela,
pensaba si era  la última y definitiva. Su matrimonio
llevaba  al menos 15  años  en franca caída  cuando
empezaron  a surgir  las quejas  y reclamos. Por su
egoísmo al atender más a su trabajo que a  ella, por
el tiempo que dedicaba a leer o por tomar café con
sus amigos o  cuando no fue a las bodas de oro de
tía  Enriqueta,  la   prima  segunda de  su  madre  y
todos  preguntaban  por él  y cuán  harta  estaba de
vivir con tantas carencias  mientras  los  Martínez y
los López nadaban en la abundancia.  Lo peor vino
al perder su trabajo y aquella puerta que siempre se
abría  cuando  todo  estaba por perderse, la  nueva
y salvadora oportunidad que  asomaba  de la nada,
esta vez no se abrió, nadie le habló, ni tuvo éxito al
intentar  trabajar por su cuenta. Mientras ocurría el 
milagro de  obtener un  empleo, una realización, su
hogar se sostenía apenas del  sueldo de  Marcela y
las  dádivas de sus hijos y su  familia.  Día a día él
recibía insultantes  actitudes y desprecios, hasta la
insostenible situación actual. 
-Te lo diré de nuevo: ¿Aún sientes algo por mí?
–Inquirió Juan Manuel.


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